La canción del pescador

Me gustaría ser el pescador que se tambalea sobre los mares, lejos de la tierra firme y de sus recuerdos amargos. Lanzando el dulce sedal con amor y soledad, sin nada que me cubra excepto un cielo lleno de estrellas. Con la luz en mi cabeza y contigo en mis brazos.
Me gustaría ser el hombre del freno en un tren febril y desbocado que choca contra el corazón de la tierra, como una bala de cañón en la lluvia. Con el latido de los que duermen y el calor del carbón. Mirando las luces de las ciudades que van quedando atrás en una noche llena de música. Con la luz en mi cabeza y contigo en mis brazos.
Sé que seré liberado de todos los lazos que me atan y que todas las cadenas que me rodean caerán. Y ese inmenso día que el destino me depara te cogeré de la mano. Viajaremos en tren y seré el pescador con la luz en mi cabeza y contigo en mis brazos. Con la luz en mi cabeza y contigo en mis brazos.
(Mike Scott, 1986)
Fue hace demasiados años, en un ferry que cubría el trayecto desde Cherburgo (Francia) a Rosslare (Irlanda). El mar del norte estaba picado y el barco se movía en todas las direcciones, imposibles de anticipar. No podía dormir así, y ya había amanecido. Tomé mi guitarra y mi mochila y salí a cubierta para respirar el salvaje aire del mar. No fui el único que había tomado esa decisión. En proa estaban un violinista irlandés y un guitarrista americano. Me uní a ellos. La costa verde de Irlanda aparecía ya en el horizonte y empezamos a tocar esta canción de The Waterboys.
No es una canción complicada, funciona con cuatro acordes muy elementales (yo la empiezo en sol mayor, se aceptan ideas). En realidad, casi todo lo que nos emociona y nos hace crecer el alma hasta sobrepasar la piel nunca es complicado. Los cuatro acordes tienen un poder chamánico al que la melodía da un sentido espiritual. La letra nos muestra la belleza de la debilidad en un mundo que nos sobrecoge a la vez que nos llena de vida. Y es que Mike Scott, además de ser uno de los músicos más interesantes que se pueden escuchar, siempre ha sido un poeta, desde que era un estudiante de filosofía en la Universidad de Edimburgo que preparaba una tesis sobre Yeats y aún tocaba en los pubs de la ciudad.
Aquel viaje, tambaleándome sobre los mares, lejos de la tierra firme y de sus recuerdos amargos, es uno de los recuerdos más vitales que conservo, casi veinte años después. La excitación de la planificada huida, el malestar físico y emocional que sentía en aquel momento, la sensación de fragilidad ante el inmenso océano como una metáfora de mi propia vida, y la música como única fuerza que nos llevaba sin freno, febril y desbocado, hasta el corazón de la isla verde. Con la luz en mis brazos y tú en mi cabeza.
Una película para Mike Scott: Moby Dick, de John Huston
Un libro para Mike Scott: Una visión, de William B. Yeats
Una canción para Mike Scott: Because the night, de Bruce Springsteen
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